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Copiar en clase promueve la corrupción

Desde que somos niños en España nos educan para ser tramposos y corruptos. Un niño llega inocente al colegio sin tener ni la intención ni el valor de copiar en un examen, pero año tras año va viendo como algunos van copiándose de compañeros o de chuletas, aprobando así o incluso sacando mejores notas que él. Luego además van presumiendo de su “hazaña” delante de todos sin vergüenza ninguna. Estos jovencísimos copiadores surgen normalmente al ser animados por sus hermanos mayores o incluso, sorprendentemente, por sus padres. Además casi nunca los pillan dado que los profesores no persiguen demasiado esta práctica, y en las aisladas ocasiones que les cazan el castigo nunca es lo suficientemente malo como para que no les compense volver a hacerlo en otra ocasión.

Viendo todo esto, el inocente niño se anima comenzando con una pequeña chuleta difícilmente detectable, incluso así el corazón se le pone a cien. Tras el primer éxito va tomando confianza, los nervios se reducen en la misma proporción que crece la información de la chuleta que usa. Cuando llega a la universidad es todo un experto, además en muchas facultades las mesas se sitúan en gradas por lo que al profesor se le hace imposible ver el escritorio de los alumnos, y en caso de que suba a vigilar lo hace pocas veces y a una velocidad irrisoria. Sin embargo este tipo de clases hacen que los compañeros que se sientan en mesas superiores vean clarísimamente lo que está ocurriendo, pero nadie dice nada, ni siquiera los que nunca copian, los alumnos con el paso de los años ven esto como algo normal y lo dejan pasar.Chuleta arañada en un bolígrafo bic

En otros países no existe esta cultura del copieteo. La disciplina de los profesores es mayor, no existe esa “alegría latina” en la que todo vale. Pero lo más importante para que todo esto no se produzca es que los mismos alumnos no lo permiten, no se ven como parte de un grupo en el que el enemigo es el profesor. Su grado de compañerismo tiene un límite y cualquiera que copie es acusado y avergonzado por el resto de la clase.

Cuando el “inocente niño” español deja la universidad ya no tan pequeño y mucho menos tan inocente, y es entonces cuando llega a un puesto con cierto poder. Al poco de estar en él, cuando conoce la dinámica de su trabajo, piensa si puede obtener algún beneficio extra, será para él como copiar en un examen, no tendrá reparos de hacerlo ni le temblará el pulso. Además las medidas de seguridad en España para que no se produzcan desfalcos son incluso peores que aquellos profesores que leían el periódico en los exámenes.  Además si algún compañero se debe enterar para que el plan funcione, solo tiene que ofrecerle parte del pastel entre risas, y en el extraño caso que no le parezca interesar normalmente no dirá nada, ha pasado toda la vida sin “chivarse”, solo habrá que probar con otro.

Incluso cuando un político corrupto es pillado sus votantes no le pierden la admiración, diciendo frases como “prácticamente cualquiera en su lugar hubiera hecho lo mismo”. Y lo peor de esta frase es que es verdad dado que toda la vida prácticamente todos hemos hecho algo casi similar, copiar en clase.

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